Revista dedicada a la cultura y al patrimonio marítimos del Mediterráneo, editada desde el Museu Marítim de Barcelona.

El delta del Ebro: ¿crónica de una muerte anunciada?

Buda podría ser la primera isla de Europa en desaparecer del mapa

|

La segunda mayor desembocadura de Europa se encuentra en una situación de peligro inédita. El cambio climático y la falta de sedimentos, fruto de la intervención humana, están haciendo que retroceda como nunca. La solución, además, confronta a sectores económicos con intereses que van en contra de las medidas necesarias para salvarlo. Mientras, el mar se la sigue tragando día tras día. Si no se actúa rápidamente, la isla de Buda, situada en el extremo nordeste, podría ser la primera en tener a los primeros refugiados climáticos del continente.

A tres kilómetros de la última lengua de arena, ahora ya en medio del mar, se encuentra hundido el faro de Buda. Construido en 1864 en Birmingham, superaba los 53 metros de altura. Era el faro metálico más alto del mundo, y sobrepasaba en 10 metros el que tenía el récord hasta entonces (ubicado en Florida, Estados Unidos). Casi cien años después, en 1961, un temporal lo tumbó. Aparte de ser una historia memorable, nos habla de un hecho muy preocupante. El Delta ha perdido más de 3.000 metros de ancho desde entonces. Y la situación no parece que vaya a mejorar a corto plazo.

Un año en la isla de Buda

La cuarta letra del alfabeto griego, la D, se conoce con el nombre de delta. «En ella pensó Heródoto al contemplar el triángulo arqueado que formaba la desembocadura del Nilo. Además de pensarla, la escribió, D, y sin saberlo, legó su imagen y nombre a la posteridad». Estas líneas pertenecen a las primeras páginas de Delta (Ara Llibres, 2023), un libro que es fruto de, probablemente, la investigación más exhaustiva que se haya realizado sobre el terreno hasta ahora. Su autor, Gabi Martínez, vivió durante todo un año en la isla de Buda. La conclusión a la que llega el lector es que todavía queda una brizna de esperanza en la conservación de los espacios naturales a corto plazo, pero que la respuesta de la naturaleza a la acción humana será, finalmente, imposible de combatir.

Un claro ejemplo de este cambio es, precisamente, la isla de Buda. Hace solo unos años, cinco y medio para ser exactos, la playa se extendía a 150 metros más allá de lo que hoy vemos. El temporal Gloria la hizo retroceder en tan solo unas horas. 3.200 hectáreas de arrozales arrasadas por la violencia del mar. Será, según explica Gabi Martínez, «la primera isla con refugiados climáticos de toda Europa». Pero no solo se trata de la isla, sino de buena parte del Delta. Mientras, su futuro sigue siendo una incógnita. La Generalitat de Catalunya y el Gobierno español siguen dando vueltas a cuál sería la forma más urgente de salvarlo sin que, hasta ahora, se haya desplegado ningún plan de actuación a gran escala con resultados palpables.

Guillermo Borés es uno de los propietarios de la isla de Buda. La compró su bisabuelo, hace más de un siglo, y ahora la gestiona junto con otros hermanos y familiares. Sus principales negocios en Buda son el cultivo del arroz y turismo rural. «Si no se actúa deprisa, nos quedaremos sin isla, sin Delta y sin nada». Su temperamento, a veces irascible, es un reflejo del estrés al que se está viendo sometido el segundo mayor delta de toda Europa. «Antes, la playa del Trabucador medía 800 metros de ancho; ahora no llega ni a los 75».

Borés es un firme partidario de la solución neerlandesa, que consiste en utilizar dragas marinas (barcos capaces de mover grandes cantidades de arena, una especie de excavadoras acuáticas) que cojan arenas del fondo del mar y las recoloquen en la playa. «Es lo que hacen desde hace muchos años en los Países Bajos. Se trata de la solución más rápida, viable y económica». Cuando se le pregunta por qué no se ejecuta, las respuestas van siempre en la misma dirección. «Hay intereses políticos muy fuertes detrás. Lo que quieren es embolsarse el dinero público que les caería si finalmente se aprueba el traslado de sedimentos de los embalses».

Carencia de sedimentos

La vía sedimentaria es la solución en la que coinciden gran parte de las fuentes científicas que han realizado estudios sobre la preservación de la zona. El Delta ha dejado de ganar terreno al mar, argumentan, porque ha dejado de arrastrar una gran cantidad de sedimentos en los últimos años. De los treinta millones cúbicos que transportaba originalmente, ahora tan solo quedan 159.000. Tal como suena. El porqué, según explican, radica en la construcción de los embalses artificiales, que atraen gran parte de estos sedimentos. De este modo, el material que antes llegaba al Mediterráneo y servía para ensanchar la superficie terrestre en el agua ya no está. Así pues, la solución sería que todo volviera a ser como antes.

El principal problema es que no es nada fácil. «Se está buscando, a través de muchos estudios, cómo podría hacerse. No se trata solo de abrir las compuertas. Necesitas un caudal determinado, es decir, una fuerza suficiente que los arrastre hasta el mar», recalca Carles Alcaraz, investigador de aguas marinas y continentales en el Instituto de Investigación y Tecnologías Alimentarias. Según explica durante la entrevista para el reportaje, es una solución que no es sencilla pero sería la única fiable a largo plazo. «Podemos construir muros de contención en el litoral, si queremos. Seguro que eso dura unos años. Pero la solución definitiva debe pasar por hacer que el río vuelva a arrastrar todo lo que ha servido para construir el Delta hasta ahora».

La humanidad ha explotado los deltas de los ríos del mundo durante miles de años. Hasta hace poco, esta coexistencia no había presentado problemas graves. Sin embargo, hoy el escenario es completamente diferente: desde el hundimiento del suelo por la construcción de edificios (con el caso de Venecia como máximo exponente) hasta su desaparición por culpa de las presas que provocan la retención sedimentaria (en el Nilo también ocurre, en este caso por los efectos de la presa de Asuán), pasando por la crecida del nivel del mar provocada por la crisis climática.

Los grandes intereses escondidos

«El porqué no se abren las compuertas de los embalses durante las crecidas del río para ampliar la extensión del delta del Ebro está en los intereses de las grandes empresas hidroeléctricas como Endesa». Josep Juan Segarra es el presidente de la Associació Sediments. Llevan años denunciando los abusos de estas empresas y reclaman que se aplique la solución de los sedimentos de forma urgente para combatir la situación.

Las derivaciones de sedimentos, explica, serían también otra posible solución. Ya se ha hecho en el Llobregat, con los bypass de las salmueras de la minería, utilizando tuberías para trasladar estos sedimentos río abajo. El precio, según Segarra, sería mucho más barato que la utilización de las dragas marinas o la solución neerlandesa. «Según un estudio de la Universidad Politécnica de Cataluña, el coste del vaciado de los embalses sería de tan solo 0,50 euros por metro cúbico de sedimentos. Utilizar las dragas, sin embargo, podría dispararse hasta los 4 euros. El transporte de arena en camiones, una de las pocas acciones que se están llevando a cabo ahora mismo, es aún más caro».

Mapa del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña con tres líneas que representan los escenarios de regresión y la posición estimada de la línea costera de Riumar para los años 2050 (rojo) y 2100 (amarillo, escenario moderado; lila, escenario grave). Foto: Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña. ARGO 15. Museo Marítimo de Cataluña.
La isla de Buda es quizás el ejemplo más claro de la delicada situación del delta del Ebro, pero no el único. Buena muestra es este mapa del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña con tres líneas que representan los escenarios de regresión y la posición estimada de la línea costera de Riumar para los años 2050 (rojo) y 2100 (amarillo, escenario moderado; lila, escenario grave). Foto: Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña. Museo Marítimo de Cataluña.

Los tres planes de salvamento

Actualmente, existen tres planes en relación con la conservación del espacio. El Plan Delta, propuesto por la Mesa de Consenso (integrada por ayuntamientos y representantes de la comunidad de regantes), la Estrategia Delta, de la Generalitat, y el Plan de Protección del Estado. El presidente de la Associació Sediments afirma que, de los tres, lo único que se está haciendo efectivo es mover arenas de unas playas a otras. «Resulta inútil, puesto que todo lo que se transporta de un sitio a otro acaba siendo recolocado por el mar en poco tiempo», explica el presidente de esta asociación, Josep Juan Segarra.

Segarra apunta directamente a los intereses de estas grandes empresas hidroeléctricas que, asegura, están generando decenas de millones de euros anuales solo con los embalses del tramo final del río. «En cambio, en cuanto a los costes ambientales y a la gestión responsable de los sedimentos, ni el Gobierno español ni el catalán les exigen nada». Esto ocurre, prosigue, porque las administraciones hacen más caso a los empresarios, cazadores y propietarios que a los expertos en dinámica litoral. «Sin una gestión científica y valiente de los sedimentos, el Delta está condenado a desaparecer, con los graves impactos económicos, ecológicos y sociales que ello conllevará», sentencia.

La posición de Borés y su familia está, según algunos, claramente influenciada por el interés económico de hacer subsistir su negocio. El campesino y empresario de la isla de Buda comercializa su arroz en unos paquetes (bajo la marca comercial Arròs Illa de Buda) que, por detrás, cuentan la historia de emergencia que viven sus arrozales. «A mí nadie me escucha porque solo soy un campesino. Pero el día en que ya no quede nada, todo el mundo se lamentará de no haber actuado a tiempo». Quizá su urgencia histriónica pueda hacer pensar a algunos que su discurso está claramente sesgado; que las soluciones de las dragas marinas son, en efecto, un parche a corto plazo que no va a solucionar la gravísima crisis ecológica que vive la desembocadura. Sin embargo, lo que está claro es que las playas son cada vez más estrechas, que los arrozales ven el mar cada vez más cerca y que los efectos de otro temporal de características similares al Gloria podría acabar tocando de muerte algunas de las partes más expuestas del Delta.

Sea cual sea la solución, sin una actuación urgente, clara y coordinada de todas las partes, difícilmente seremos capaces de conservar esta reserva de la biosfera por la UNESCO, única en Europa. «Vivimos las consecuencias de nuestras acciones y queda claro que veremos un claro retroceso del Delta», responde Gabi Martínez a la pregunta de cómo ve su futuro después de vivir casi un año en la zona. «La sensación, después de todo este tiempo, es que existe la posibilidad de aguantar. ¿Hasta dónde? Eso no lo sabe nadie. La isla de Buda es un símbolo de todo lo que estamos perdiendo. No sé si es todo, pero al menos es muchísimo».

Vistas aéreas de la desembocadura del delta del Ebro al amanecer (Montsià, Cataluña)
Vista aérea de la desembocadura del delta del Ebro, con Riumar en el centro de la imagen. Foto: pedir crédito Gemma/Descubrir)

ENTREVISTA

Agustín Sánchez-Arcilla, catedrático del Departamento de Ingeniería Hidráulica, Marítima y Ambiental en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) .

{%ALT_TEXT%}
Agustín Sánchez-Arcilla. Foto: UPC.

¿Por qué retrocede el delta del Ebro?

Porque el río aporta muchos menos sedimentos que antes, mientras los factores marinos se mantienen más o menos iguales.

¿Qué soluciones propone?

Desde la UPC participamos en un proyecto europeo, el único costero dentro del Pacto Verd, estudiando dos vías. Una es aumentar el transporte de sedimentos río abajo con riadas controladas. La otra, realizar aportaciones a la costa inspiradas en la naturaleza, como reconstruir sistemas dunares que existían a principios del siglo XX.

¿Podría servir el modelo neerlandés?

No directamente. En la costa catalana tenemos mucha menos arena y un oleaje muy diferente al que hay en los Países Bajos. Por lo tanto, aplicar su modelo aquí no sería eficiente.

¿Es urgente actuar?

Totalmente. Zonas vulnerables como la barra del Trabucador, naturalmente dinámica, podrían desaparecer si no aumentamos los sedimentos que le llegan. Es necesario continuar con pruebas piloto para evitar futuros refugiados climáticos.

OTROS ARTÍCULOS
(1881-1935) Padre de la etnología marítima catalana
De cuando los barcos eran escuela de vida y las rutas comerciales, portales a otros mundos
Uno de los trabajos más peligrosos del mundo, un problema medioambiental y humano
Un proyecto de humanidades digitales e historia marítima
Paisaje, cultura y esencia marinera
El río como nexo de cultura y vida