{"id":7197,"date":"2026-04-30T09:53:06","date_gmt":"2026-04-30T09:53:06","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/?p=7197"},"modified":"2026-04-30T10:25:05","modified_gmt":"2026-04-30T10:25:05","slug":"argo16-rumbo-al-pasatdo-puerto-antiguo-barcelona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/argo16-rumbo-al-pasatdo-puerto-antiguo-barcelona\/","title":{"rendered":"El puerto antiguo de Barcelona"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_7207\" aria-describedby=\"caption-attachment-7207\" style=\"width: 1190px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-7205\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-1920x517.jpg\" alt=\"La ciudad de Barcelona en 1563, con la l\u00ednea de costa al frente. Anthonis van den Wyngaerde. Foto: WikimediaCommons \/ Urbanity.es. Argo 16. Museo Mar\u00edtimo de Barcelona.\" width=\"1200\" height=\"323\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-1920x517.jpg 1920w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-400x108.jpg 400w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-768x207.jpg 768w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-1536x414.jpg 1536w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Barcelona_el_1563_Anthonis_van_den_Wyngaerde-2048x552.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7207\" class=\"wp-caption-text\">La ciudad de Barcelona en 1563, con la l\u00ednea de costa al frente. Anthonis van den Wyngaerde. Foto: Wikimedia Commons \/ Urbanity.es<\/figcaption><\/figure>\n<h4><strong>Barcelona y su costa<\/strong><\/h4>\n<p>Flanqueada por los r\u00edos Llobregat y Bes\u00f2s, Barcelona est\u00e1 situada en el v\u00e9rtice de una f\u00e9rtil llanura rodeada por la sierra de Collserola al norte y por la monta\u00f1a de Montju\u00efc al suroeste. Esta llanura tiene una ligera inclinaci\u00f3n hacia el r\u00edo Bes\u00f2s y la atraviesan un buen n\u00famero de peque\u00f1os torrentes, la mayor parte de ellos neutralizados hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p>En cuanto al frente mar\u00edtimo de la ciudad, consist\u00eda en una l\u00ednea continua de costa sin alteraci\u00f3n importante entre la monta\u00f1a de Montju\u00efc y el r\u00edo Bes\u00f2s. As\u00ed pues, Barcelona no ten\u00eda ning\u00fan puerto natural que ofreciera protecci\u00f3n para la navegaci\u00f3n. La ciudad estaba totalmente abierta al mar y a merced de los temporales mar\u00edtimos y los vientos cambiantes de levante y poniente. No obstante, las condiciones de la l\u00ednea de costa de Barcelona favorec\u00edan la aparici\u00f3n de bancos de arena, o radas, que dificultaban el acceso a la playa de la ciudad e, incluso, pod\u00edan bloquearlo en caso de producirse un naufragio o embarranque de barco.<\/p>\n<h4><strong>Los intentos medievales de construir un puerto<\/strong><\/h4>\n<p>La expansi\u00f3n de la Corona de Arag\u00f3n por el Mediterr\u00e1neo, el aumento del comercio mar\u00edtimo y el incremento del tonelaje de los barcos obligaban al gobierno municipal de Barcelona, \u200b\u200bel Consell de Cent, a tomar una decisi\u00f3n en cuanto a la construcci\u00f3n de una estructura portuaria que facilitara la llegada de los barcos y la carga y descarga de las mercanc\u00edas. Sin embargo, hasta la d\u00e9cada de 1430 el Consell de Cent no se anim\u00f3 a construir el primer puerto de Barcelona. La obra se inici\u00f3 a mediados de 1439, con la ceremonial colocaci\u00f3n de la primera piedra. El proyecto preve\u00eda la construcci\u00f3n de un dique que se adentrara en el mar. Los temporales de mar arruinaron el trabajo realizado y hasta 1445 no reanudaron la obra con el lanzamiento al mar de grandes bloques de piedra tra\u00eddos de Montju\u00efc para realizar una escollera. Para levantar estos grandes pesos, el pintor Tom\u00e0s Alemany dise\u00f1\u00f3 dos ingenios: uno, muy cerca de Montju\u00efc, para cargar las piedras en un pont\u00f3n, y el otro, en el propio pont\u00f3n para arrojarlas al agua. Desgraciadamente, los temporales de mar acabaron con la ilusi\u00f3n de tener un puerto en la ciudad.<br \/>\nHasta el a\u00f1o 1477 el Consell de Cent no puso en marcha, de nuevo, la construcci\u00f3n de un nuevo puerto. En esta ocasi\u00f3n, el gobierno de Barcelona hab\u00eda contratado a un maestro reconocido en la construcci\u00f3n de diques y otras estructuras portuarias: el maestro Stacy de Alejandr\u00eda. Las obras se prolongaron durante una d\u00e9cada y se ejecutaron sobre una <em>tascha<\/em> o banco de arena conocido como isla de Maians, que se adentraba en el mar un centenar de metros, con una anchura de quince. Esta construcci\u00f3n tuvo unos efectos inmediatos sobre el litoral barcelon\u00e9s porque la escollera reten\u00eda los sedimentos que arrastraba el Bes\u00f2s y se fue conformando una barra de arena, con una playa interior, junto a poniente de la barra. La llegada continua de sedimentos, debido a los frecuentes temporales de aquellos a\u00f1os, rellen\u00f3 la construcci\u00f3n portuaria hacia 1486. \u200b\u200bDesde entonces, la obra del puerto qued\u00f3 abandonada por la acumulaci\u00f3n de arena y los problemas financieros del gobierno municipal.<\/p>\n<h4><strong>El primer puerto de Barcelona<\/strong><\/h4>\n<p>Barcelona no tuvo puerto hasta finales del siglo XVI. Durante esa centuria, los diversos intentos de construir uno no se materializaron, como el de 1516, con el maestro de hacer puertos Antoni Sastre, que trabajaba en la construcci\u00f3n del puerto de Palam\u00f3s; o el de 1571, con la propuesta del ingeniero italiano Luis Testa que pretend\u00eda eliminar la acequia del Rec Comtal. En esta d\u00e9cada de 1570, la necesidad de construir un puerto era cada vez m\u00e1s perentoria, ya que el aumento de los temporales de mar que se dio a partir de mediados de siglo arrojaba contra la costa de Barcelona grandes cantidades de sedimentos que disminuyeron el calado del mar e imped\u00edan progresivamente la navegaci\u00f3n, en un momento de bonanza econ\u00f3mica y resurgimiento del comercio mar\u00edtimo de la ciudad.<\/p>\n<p>El 29 de junio de 1590 el consejero jefe de Barcelona colocaba la primera piedra de lo que ser\u00eda el primer puerto de Barcelona. El gobierno municipal destin\u00f3 diez mil libras a levantar un puerto sobre los restos de la fracasada escollera de 1477. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, a mediados de agosto de 1592, las galeras de Sicilia fueron las primeras embarcaciones en amarrar en el nuevo puerto de la ciudad.<\/p>\n<h4><strong>Un enemigo inesperado: los temporales de mar<\/strong><\/h4>\n<p>Pero esta euforia inicial pronto se vio frenada por la sucesi\u00f3n de temporales de mar que se repitieron durante los a\u00f1os siguientes. La climatolog\u00eda ralentiz\u00f3 las obras del puerto y provoc\u00f3 un aumento de los naufragios porque, ahora, los barcos se estrellaban contra la construcci\u00f3n. En abril de 1595 naufragaron algunos barcos que estaban en el nuevo muelle de la ciudad y las galeras del papa sufrieron graves da\u00f1os. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, una nave cargada de sal choc\u00f3 a trav\u00e9s contra el muelle por una gran borrasca por la noche y porque la linterna del puerto no estaba encendida.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVI y la primera d\u00e9cada de la siguiente centuria en Catalu\u00f1a se caracterizaron por los temporales que la azotaron. As\u00ed, las tempestades afectaron gravemente al frente mar\u00edtimo de la ciudad, especialmente a la muralla de mar y al nuevo muelle, todav\u00eda en construcci\u00f3n. Al mismo tiempo, las inundaciones y avenidas de los r\u00edos Bes\u00f2s y Llobregat aumentaron considerablemente el arrastre de sedimentos que se depositaban en el litoral barcelon\u00e9s. En 1597, los esclavos de las galeras del duque de Saboya se emplearon en la limpieza y extracci\u00f3n de la arena del puerto y se prohibi\u00f3 a marineros y pescadores que, mientras tanto, tuvieran sus barcas varadas en la playa para evitar fugas de los esclavos y forzados. Las reparaciones de los da\u00f1os causados \u200b\u200bpor los temporales de mar en el muelle obligaron al gobierno municipal a destinar m\u00e1s dinero para afrontar los gastos de las reparaciones. As\u00ed, a partir de 1602, el Consell de Cent dedic\u00f3 dos mil libras anuales a las reparaciones del muelle y contramuelles en construcci\u00f3n. Especialmente complicado fue en 1603, cuando un temporal de mar derrib\u00f3 buena parte de la muralla de mar, cerca del monasterio de San Francisco, y parte del baluarte de los astilleros. Adem\u00e1s, las lluvias torrenciales causaron derribos en las canteras de Montju\u00efc de donde se extra\u00edan las grandes piedras que se arrojaban al mar para hacer el puerto. El Consell de Cent decidi\u00f3 entonces utilizar las rocas que pod\u00edan extraer de las canteras para reconstruir la muralla de mar derribada, en detrimento de la obra del puerto.<\/p>\n<p>A pesar de la fuerza de los temporales de esos a\u00f1os, ninguno de ellos tuvo la virulencia de la gran tormenta que afect\u00f3 a buena parte de Catalu\u00f1a en 1617, conocido como el A\u00f1o del Diluvio. El 2 de noviembre de ese a\u00f1o, el temporal fue devastador para el llano de Barcelona y las tierras vecinas. Las avenidas de los r\u00edos Llobregat y Bes\u00f2s anegaron los terrenos adyacentes a los cursos inferiores de estos r\u00edos durante semanas. En el puerto de la ciudad, expertos pescadores y marineros se apresuraron a amarrar los barcos para evitar que chocaran entre ellos o a trav\u00e9s contra el muelle o la monta\u00f1a de Montju\u00efc, mientras una gran cantidad de sedimentos arrastrados por los r\u00edos se acumulaban en el muelle de la ciudad, tanto por la parte de levante como de poniente.<\/p>\n<p>A mediados de 1620, despu\u00e9s de un gran temporal de mar que derrib\u00f3 buena parte de la cabeza del muelle de la ciudad, el Consell de Cent advirti\u00f3 del endeudamiento que sufr\u00eda el consistorio municipal despu\u00e9s de casi tres d\u00e9cadas de tormentas de mar continuas con los consiguientes gastos de construcci\u00f3n y reparaci\u00f3n de los da\u00f1os causados \u200b\u200ben el puerto. Para garantizar la navegaci\u00f3n en el puerto y la continuidad del comercio mar\u00edtimo amenazados por la acumulaci\u00f3n de arenas, el Consell de Cent propuso aumentar un 10 % los derechos que deb\u00edan pagar los mercaderes extranjeros para introducir o extraer mercanc\u00edas, una medida nada popular entre la colonia de mercaderes extranjeros residentes en la ciudad.<\/p>\n<h4><strong>Dise\u00f1os para la preservaci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p>Hacia mediados de la d\u00e9cada de 1620 la coyuntura clim\u00e1tica cambi\u00f3, con una preponderancia, ahora, de intensas sequ\u00edas interrumpidas por agresivos temporales. A\u00fan en 1625, una gran tormenta de mar puso en peligro las doce galeras de la escuadra de Espa\u00f1a que hab\u00edan llegado con mil doscientos ni\u00f1os que se dirig\u00edan a Mil\u00e1n. Los temporales de esos a\u00f1os se caracterizaron por la virulencia de los vientos cambiantes que provocaron graves problemas en el puerto de Barcelona tal como explic\u00f3 el zurrador Miquel Parets en su dietario sobre la tormenta de mar del a\u00f1o 1632. Durante la guerra de los Segadores se produjo una cierta estabilidad clim\u00e1tica, aunque hubo importantes temporales de mar en los a\u00f1os 1643, 1645 o 1646. Despu\u00e9s de la guerra, el Consell de Cent tuvo que hacer frente, nuevamente, al problema del relleno del puerto por la arena, tal y como informaba en el a\u00f1o 1664, advirtiendo que, si no se pon\u00eda remedio, la cantidad de la arena existente en el puerto acabar\u00eda por cegarlo del todo y pondr\u00eda en peligro la navegaci\u00f3n y el comercio mar\u00edtimo de la ciudad. Esta problem\u00e1tica la heredar\u00edan los Borbones a principios del siglo XVIII, cuando los temporales de mar fueron habituales y obligaron a las autoridades del nuevo r\u00e9gimen a dise\u00f1ar proyectos y planos de reforma del puerto para preservar su navegaci\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_7212\" aria-describedby=\"caption-attachment-7212\" style=\"width: 577px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-7212\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/2-Mapa-1732.png\" alt=\"Mapa de Barcelona, \u200b\u200bde la segunda edici\u00f3n de Nicolas Tindal de su traducci\u00f3n de la Historia de Inglaterra de Rapin, publicada en 1732. Foto: WikimediaCommons. Argo 16. Museo Mar\u00edtimo de Barcelona.\" width=\"587\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/2-Mapa-1732.png 1280w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/2-Mapa-1732-287x225.png 287w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/2-Mapa-1732-768x603.png 768w\" sizes=\"(max-width: 587px) 100vw, 587px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7212\" class=\"wp-caption-text\">Mapa de Barcelona, \u200b\u200bde la segunda edici\u00f3n de Nicolas Tindal de su traducci\u00f3n de la <em>Historia de Inglaterra<\/em> de Rapin, publicada en 1732. Foto: Wikimedia Commons.<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_7214\" aria-describedby=\"caption-attachment-7214\" style=\"width: 578px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-7214\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-1703x1080.jpg\" alt=\"Barcelona desde la entrada del puerto, 1856. Foto: WikimediaCommons \/ Archivo Hist\u00f3rico de la Ciudad de Barcelona.\" width=\"588\" height=\"373\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-1703x1080.jpg 1703w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-355x225.jpg 355w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-768x487.jpg 768w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-1536x974.jpg 1536w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/5-Barcelona_from_port_entrance_1856-2048x1299.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 588px) 100vw, 588px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7214\" class=\"wp-caption-text\">Barcelona desde la entrada del puerto, 1856. Foto: Wikimedia Commons \/ Archivo Hist\u00f3rico de la Ciudad de Barcelona.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de una lucha contra la naturaleza<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":7207,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[132],"tags":[190],"class_list":["post-7197","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-rumbo-al-pasado","tag-190"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7197","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7197"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7197\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7835,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7197\/revisions\/7835"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7207"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7197"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7197"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7197"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}