{"id":8329,"date":"2026-07-13T06:34:48","date_gmt":"2026-07-13T06:34:48","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/?p=8329"},"modified":"2026-07-29T13:56:35","modified_gmt":"2026-07-29T13:56:35","slug":"el-jabegote-es","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/el-jabegote-es\/","title":{"rendered":"El jabegote"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_8566\" aria-describedby=\"caption-attachment-8566\" style=\"width: 1822px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8349\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Unknown-2.jpeg\" alt=\"Cante de jabegotas, con Miguel L\u00f3pez Castro. Foto: Fondo Miguel L\u00f3pez Castro.\" width=\"1832\" height=\"918\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Unknown-2.jpeg 1832w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Unknown-2-400x200.jpeg 400w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Unknown-2-768x385.jpeg 768w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Unknown-2-1536x770.jpeg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1832px) 100vw, 1832px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-8566\" class=\"wp-caption-text\"><em>Cante de jabegotas<\/em>, con Miguel L\u00f3pez Castro. Foto: Fondo Miguel L\u00f3pez Castro.<\/figcaption><\/figure>\n<h4><strong>El jabegote: ra\u00edces de un fandango ind\u00f3mito y fronterizo<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">El litoral malague\u00f1o no se puede comprender \u00fanicamente a trav\u00e9s de su fisonom\u00eda geogr\u00e1fica o su desarrollo urban\u00edstico, su verdadera esencia reside en el perfil de sus barcas de j\u00e1bega y en el eco de hombres y mujeres que, durante siglos, hicieron de la arena su hogar, su sustento y su escenario vital. En el litoral malague\u00f1o naci\u00f3 una de las joyas m\u00e1s singulares y, a menudo, m\u00e1s desconocidas del patrimonio inmaterial de nuestra tierra: el cante de jabegotes.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Este cante, que los moradores de la playa \u2014conocidos popularmente como marengos o jabegotes\u2014 entonaban en las faenas diarias, es una pieza de un valor incalculable. En estas l\u00edneas, trato de reconocer su historia, sus valores y ese hilo invisible que une la madera centenaria de una barca tan emblem\u00e1tica como la <em>Mar\u00eda del Carmen<\/em> con la voz brav\u00eda y desgarrada de quienes la habitaron.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">El jabegote es, desde un punto de vista t\u00e9cnico y musicol\u00f3gico, un fandango abandolao. Para entender su naturaleza, debemos mirar hacia el verdial, el referente m\u00e1s antiguo y tel\u00farico del folclore malague\u00f1o, del que parten casi todos los fandangos de la provincia.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Sobre sus antecedentes musicales, adem\u00e1s del verdial, yo mismo he defendido en diversas publicaciones, y que a menudo se pasa por alto, su parentesco con la playera. Tradicionalmente, la historiograf\u00eda flamenca ha vinculado la playera casi exclusivamente con la configuraci\u00f3n de la seguiriya, bas\u00e1ndose en una supuesta conexi\u00f3n sem\u00e1ntica con la pla\u00f1idera, debido a su carga emocional de dolor profundo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Sin embargo, mi tesis \u2014reforzada por a\u00f1os de observaci\u00f3n y estudio del entorno marengo\u2014 es que existieron dos caminos distintos para la playera: una que deriv\u00f3 en la profundidad tr\u00e1gica y casi lit\u00fargica de la seguiriya flamenca y otra, m\u00e1s luminosa, r\u00edtmica y vinculada estrictamente al oficio costero, que influy\u00f3 directamente en el cante de jabegotes. Al fin y al cabo, etimol\u00f3gicamente, <em>playera<\/em> procede directamente de <em>playa<\/em>. No es una hip\u00f3tesis vac\u00eda; si acudimos al testimonio del viajero polaco Carlos Dembowski, quien visit\u00f3 nuestras costas entre 1830 y 1840, encontramos relatos fascinantes. Dembowski describe escenas en las arenas de M\u00e1laga donde hombres y mujeres cantaban coplas de playeras acompa\u00f1adas de guitarras y palmoteos r\u00edtmicos, bailando por parejas en las noches de verano. Aquellas escenas no eran seguiriyas; eran el antecedente vivo de lo que hoy conocemos como jabegote.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Incluso a finales del siglo XIX, encontramos pruebas de esta dualidad en la obra <em>La playera, op. 737<\/em> de \u00d3scar de la Cinna. En esta pieza, integrada en la colecci\u00f3n <em>Brisas de Espa\u00f1a<\/em>, la m\u00e9trica y la voz cantante corresponden a una malague\u00f1a primitiva: cuartetas octos\u00edlabas, muy alejadas de las seguidillas castellanas que articulan las seguiriyas. Esta distinci\u00f3n es fundamental para devolverle al jabegote su lugar como cante de ra\u00edz malague\u00f1a y marinera, desvincul\u00e1ndolo de etiquetas que no le corresponden.<\/p>\n<h4><strong>La supervivencia de un estilo: del Ni\u00f1o de las Moras a la grabaci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">Antes de que la industria discogr\u00e1fica lo etiquetara oficialmente como jabegote, este cante era conocido de forma sencilla y humilde como cante de marengos o cantos de los pescadores. Su supervivencia hasta nuestros d\u00edas se la debemos a figuras que actuaron como guardianes de la tradici\u00f3n oral en una \u00e9poca en la que el flamenco comenzaba a profesionalizarse y alejarse de sus ra\u00edces funcionales. El personaje m\u00e1s crucial en este proceso fue, sin duda, Juan Ternero, conocido art\u00edsticamente como el Ni\u00f1o de las Moras.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: inherit\"><span style=\"font-weight: 400\">Este cantaor, figura m\u00edtica de la barriada de El Palo, fue el puente entre la playa virgen y los escenarios de la capital. \u00c9l no solo conserv\u00f3 el estilo, sino que lo dot\u00f3 de una dignidad art\u00edstica que permiti\u00f3 su transmisi\u00f3n a las siguientes generaciones de cantaores locales. Aunque se grab\u00f3 en 1953 bajo la denominaci\u00f3n de fandango nuevo en la voz de Juan Varea, fue su magisterio el que permiti\u00f3 que figuras malague\u00f1as como Antonio de Canillas y C\u00e1ndido de M\u00e1laga lo llevaran al microsurco. Fue C\u00e1ndido quien, en 1963, en el emblem\u00e1tico disco <\/span> <\/span><a style=\"font-size: inherit\" href=\"https:\/\/youtu.be\/Wz2oUjMHYgw?is=GkQnv9oaJisbLM9J\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\"><em>Sabor en M\u00e1laga<\/em><\/a><span style=\"font-size: inherit\">, lo registr\u00f3 por primera vez con el nombre de cante de jabegotes, fijando as\u00ed su denominaci\u00f3n t\u00e9cnica para la posteridad.<\/span><\/p>\n<h4><b>El mito del cante en el trabajo: una correcci\u00f3n etnogr\u00e1fica<\/b><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">A menudo, la literatura rom\u00e1ntica y los observadores externos han dibujado al pescador cantando mientras realiza las tareas m\u00e1s pesadas del oficio. Se ha dicho, de forma casi po\u00e9tica, que el jabegote sonaba mientras los hombres tiraban de la traya para sacar el copo de la red de j\u00e1bega, o bien mientras remaban con fuerza contra el oleaje de un temporal. Sin embargo, la realidad f\u00edsica del trabajo en la mar es mucho m\u00e1s contundente y deja poco espacio para la l\u00edrica en los momentos de esfuerzo m\u00e1ximo.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: inherit\"><span style=\"font-weight: 400\">He tirado de la traya en innumerables ocasiones como parte de mi investigaci\u00f3n y compromiso con esta cultura. En esos momentos, el cuerpo est\u00e1 entregado totalmente al esfuerzo anaer\u00f3bico; el aire falta, los pulmones queman y el coraz\u00f3n late con tal fuerza que es f\u00edsicamente imposible mantener la afinaci\u00f3n, el temple y el control diafragm\u00e1tico que exige un jabegote de calidad. Incluso he realizado <\/span> <\/span><a style=\"font-size: inherit\" href=\"https:\/\/www.amigosjabega.org\/arte\/musica\/miguel-lopez-castro\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">experimentos personales grabados<\/a><span style=\"font-size: inherit\">: remando en una barca de j\u00e1bega intent\u00e9 cantar. El resultado fue que tuve que soltar el remo para poder emitir los tercios del cante mientras mis compa\u00f1eros segu\u00edan con la labor. De lo contrario, el jabegote resultaba inaceptable, entrecortado y carente de la fuerza necesaria.<\/span><\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo sonaba entonces este cante? El jabegote es un <a href=\"https:\/\/share.google\/JBUD7ee31fmKuwoAv\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">canto de pausa<\/a>, de labor manual artesana, no de esfuerzo bruto. Sonaba principalmente durante el sotarraje, ese tiempo pausado y casi meditativo en el que los marengos y las marengas, sentados sobre la arena a la sombra de la barca varada, cos\u00edan y remendaban las redes con sus agujas de madera. Tambi\u00e9n sonaba en la voz del cenachero, el pregonero que, con los cenachos cargados de boquerones o sardinas reci\u00e9n sacados del copo, recorr\u00eda las calles de M\u00e1laga. Esa tarea de caminar r\u00edtmicamente y pregonar s\u00ed permite la concentraci\u00f3n necesaria para ejecutar las florituras y la potencia del jabegote. El cante era el compa\u00f1ero de la labor artesana y de la venta, el alivio de la tarea mon\u00f3tona, no el ritmo del tir\u00f3n de la red.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>La <em>Mar\u00eda del Carmen<\/em>: un siglo de historia y cohesi\u00f3n social<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">Si el cante es el alma de esta cultura, la barca es su cuerpo material. La <em>Mar\u00eda del Carmen<\/em> cumple ahora cien a\u00f1os, un siglo de existencia que la convierte en un s\u00edmbolo vivo y en un testigo mudo de la transformaci\u00f3n de M\u00e1laga. Para entender su importancia, debemos trasladarnos a los a\u00f1os treinta del siglo pasado. En aquella \u00e9poca, solo en la barriada de El Palo, exist\u00edan alrededor de cuarenta barcas de j\u00e1bega en activo, cada una con su propio nombre, su propia historia y su propia personalidad.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\"><em>M.\u00aa del Carmen sali\u00f3 al ard\u00e1 \/ a pescar los boquerones \/ y trajo las redes llenas \/ de cultura de jabegotes.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Cada barca no era solo una propiedad privada de un patr\u00f3n; era un n\u00facleo dinamizador de la vida econ\u00f3mica, social y relacional. De cada embarcaci\u00f3n depend\u00edan directamente entre nueve y doce familias, lo que supon\u00eda que una parte inmensa del barrio estaba vinculada emocionalmente a la madera de un barco. La vinculaci\u00f3n de los jabegotes con su barca era de una lealtad que hoy nos costar\u00eda comprender. La identidad de un vecino no se establec\u00eda por su apellido, su nivel de estudios o la calle de residencia, sino por su pertenencia a una tripulaci\u00f3n espec\u00edfica. La pregunta habitual para situar a alguien en el mapa social del barrio era: \u00ab\u00bfT\u00fa de qu\u00e9 barca eres?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">La barca era una empresa, una cooperativa de supervivencia y un centro social al mismo tiempo. Exist\u00edan rituales de cohesi\u00f3n que hoy nos resultan fascinantes y que refuerzan la idea de comunidad, como el de igualar la barca. Este ritual consist\u00eda en que un peluquero acud\u00eda a la misma orilla del mar, junto a la barca varada, y realizaba exactamente el mismo corte de pelo a todos los miembros de la tripulaci\u00f3n. Este gesto, m\u00e1s all\u00e1 de la est\u00e9tica o la higiene, era una declaraci\u00f3n de igualdad absoluta y pertenencia grupal. Todos bajo el mismo patr\u00f3n, todos compartiendo el mismo riesgo en la mar, todos iguales ante la suerte del copo.<\/p>\n<h4><strong>\u00c9tica y solidaridad: la garfa y la justicia del rebalaje<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">La vida en torno a la j\u00e1bega estaba regida por leyes no escritas de una solidaridad profunda y necesaria. En un contexto de subsistencia extrema, el reparto del pescado no era solo una transacci\u00f3n comercial, sino un acto de justicia social comunitaria. Una de las tradiciones m\u00e1s hermosas y \u00e9ticamente potentes era la de la garfa. Se trataba de una recompensa de solidaridad, una porci\u00f3n de pescado que el patr\u00f3n otorgaba no solo a los trabajadores que hab\u00edan sudado en la faena, sino tambi\u00e9n a aquellos vecinos que ayudaban moment\u00e1neamente, a las viudas del barrio o a quienes simplemente estaban all\u00ed pasando necesidad y ped\u00edan \u00abla garfa\u00bb con humildad.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\"><em>Tir\u00e9 temprano del copo \/ y me dieron mi garfa \/ mi madre estar\u00e1 contenta \/ hoy tiene algo que cocinar.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Este car\u00e1cter solidario depend\u00eda en gran medida de la \u00e9tica y la personalidad del patr\u00f3n de la barca. En mi propia familia, los recuerdos de mi abuelo, Luis, el Nueve Doble, est\u00e1n llenos de estas historias de generosidad espont\u00e1nea. Las mujeres mayores del barrio todav\u00eda exclaman al recordarlo: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nta hambre ha quitado en la calle Olivar la barca de tu abuelo!\u00bb. Esa misma generosidad se atribu\u00eda a otros patrones legendarios que hoy son nombres de calles o leyendas locales, como Mat\u00edas Rodr\u00edguez, de la barca <em>La Jopo<\/em>. Eran figuras de autoridad, pero tambi\u00e9n de protecci\u00f3n para la comunidad en tiempos en los que no exist\u00edan redes de seguridad social estatales.<\/p>\n<h4><strong>El l\u00e9xico del mar: guardi\u00e1n de palabras en peligro de extinci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">El jabegote ha actuado tambi\u00e9n, quiz\u00e1s de forma inconsciente, como un archivo filol\u00f3gico de incalculable valor para nuestro litoral. Por medio de sus letras, se han preservado t\u00e9rminos t\u00e9cnicos y expresiones populares que el malague\u00f1o urbano contempor\u00e1neo ha olvidado casi por completo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Un ejemplo maravilloso de esta poes\u00eda popular nacida de la observaci\u00f3n directa es la expresi\u00f3n <em>te r\u00edes m\u00e1s que la laja<\/em>. La laja es un arrecife o piedra plana que apenas sobresale de la superficie cerca de la orilla. Cuando el mar est\u00e1 en calma pero hay un leve movimiento de fondo, el agua rompe constantemente sobre la piedra y crea una espuma blanca que parece una dentadura sonriente que nunca se apaga. Una observaci\u00f3n del entorno natural que ning\u00fan poeta de academia podr\u00eda mejorar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Del mismo modo, la expresi\u00f3n <em>hacer la cala del hueso<\/em> ha quedado inmortalizada en el cante. Se refiere a aquel que elude su responsabilidad, que desaparece cuando llega el momento del trabajo m\u00e1s duro o, lo que es peor en la \u00e9tica marenga, cuando llega el momento de saldar deudas o pagar los jornales.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\"><em>Cuando tocaba pagar \/ hiciste la cala el hueso \/ no me voy a preocupar \/ en la barca te veo luego.<\/em><\/p>\n<p><strong style=\"font-family: inherit;font-size: 24px;font-style: inherit\">Preservaci\u00f3n y proyecci\u00f3n futura<\/strong><\/p>\n<h4><strong>Retos e iniciativas para garantizar la continuidad de este legado en el contexto actual<\/strong><\/h4>\n<p style=\"font-weight: 400\">El cante est\u00e1 hoy salvado del olvido o de la invisibilidad por falta de identificaci\u00f3n clara como estilo flamenco, al menos en M\u00e1laga, reconocido como uno de los fandangos abandolaos m\u00e1s antiguos y como uno de los que requieren m\u00e1s fuerza y alma en su interpretaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">En estos \u00faltimos a\u00f1os, surge el inter\u00e9s por el cante en M\u00e1laga y, a ra\u00edz de la publicaci\u00f3n de la biograf\u00eda del Ni\u00f1o de las Moras (Miguel L\u00f3pez y Manuel Ternero, 1997), se han creado un buen n\u00famero de letras o coplas para jabegotes que recogen la riqueza de la cultura de los pescadores malague\u00f1os. Incluso se ha publicado un librito que cuenta ya con tres ediciones dedicado exclusivamente a letras de jabegotes (Pepe Espejo, 2002), o tambi\u00e9n las coplas de Marivi Verd\u00fa, Carmen Aguirre, Luis Utrera Madro\u00f1ero y otros letristas de M\u00e1laga, adem\u00e1s de las coplas que los escolares compusieron en el I Concurso Nacional de Letras de Jabegotes para Escolares que organiz\u00f3 la Asociaci\u00f3n de Vecinos y Vecinas de El Palo. El cante de jabegotes tambi\u00e9n ha sido parte del curr\u00edculum escolar en M\u00e1laga, con la creaci\u00f3n de materiales did\u00e1cticos para la escuela.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">En el \u00e1mbito de las celebraciones, el cante ha sido tambi\u00e9n rescatado para estar presente. Uno de los que en los \u00faltimos a\u00f1os se vinieron realizando en el que estaba presente el cante ha sido los bautismos de mar. Otra actividad interesante que recurre al cante de jabegotes para dar brillantez al evento es la celebraci\u00f3n del solsticio de verano en el 21 de junio.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\"><em>Solsticio tan generoso \/ con la magia de los poemas \/ m\u00fasica de caracolas \/ cantes de jabegote \/ remando contra las olas. <\/em><\/p>\n<p>Otra actividad en la que se canta jabegotes es la <a href=\"https:\/\/share.google\/cRynPvvHUS8EeAuTT\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">conmemoraci\u00f3n del hundimiento del <em>C3<\/em><\/a>, un submarino de la Rep\u00fablica. Tambi\u00e9n otras asociaciones que conmemoran los tr\u00e1gicos acontecimientos de la Desband\u00e1 editaron un disco con poemas dedicados a este tema, no falt\u00f3 el flamenco y yo grab\u00e9 un tema en este disco cantando jabegotes.<\/p>\n<p><em style=\"font-weight: 400\">Serpenteaba la muerte \/ En carretera de Almer\u00eda \/ Y el agua de levante fuerte \/ Lluvia de balas nos tra\u00eda \/ Que los barcos escup\u00edan <\/em><span style=\"font-weight: 400\">Desband\u00e1. <\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_8563\" aria-describedby=\"caption-attachment-8563\" style=\"width: 590px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8350\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Miguel-el-Autort-sacando-el-copo-1.jpg\" alt=\"El autor, sacando el vaso. Foto: Fondo Miguel L\u00f3pez Castro.\" width=\"600\" height=\"399\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Miguel-el-Autort-sacando-el-copo-1.jpg 600w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Miguel-el-Autort-sacando-el-copo-1-338x225.jpg 338w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-8563\" class=\"wp-caption-text\">El autor, sacando el copo. Foto: Fondo Miguel L\u00f3pez Castro.<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_8560\" aria-describedby=\"caption-attachment-8560\" style=\"width: 753px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-8352\" src=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Reciensacado-el-copo-entre-la-nube-de-escamas-que-s-ueltan-los-pesces-es-el-momento-de-coger-su-garfa-1-763x1080.jpg\" alt=\"Apenas recogido el vaso, entre la nube de escamas que sueltan los peces es el momento de apretar su garf\u00e1. Foto: Hondo Miguel L\u00f3pez Castro.\" width=\"763\" height=\"1080\" srcset=\"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Reciensacado-el-copo-entre-la-nube-de-escamas-que-s-ueltan-los-pesces-es-el-momento-de-coger-su-garfa-1-763x1080.jpg 763w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Reciensacado-el-copo-entre-la-nube-de-escamas-que-s-ueltan-los-pesces-es-el-momento-de-coger-su-garfa-1-159x225.jpg 159w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Reciensacado-el-copo-entre-la-nube-de-escamas-que-s-ueltan-los-pesces-es-el-momento-de-coger-su-garfa-1-768x1087.jpg 768w, https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Reciensacado-el-copo-entre-la-nube-de-escamas-que-s-ueltan-los-pesces-es-el-momento-de-coger-su-garfa-1.jpg 961w\" sizes=\"(max-width: 763px) 100vw, 763px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-8560\" class=\"wp-caption-text\">Apenas recogido el copo, entre la nube de escamas que sueltan los peces es el momento de cosechar su garfa. Foto: Fondo Miguel L\u00f3pez Castro.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eco, memoria y trabajo en el rebalaje malague\u00f1o<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":8345,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[131],"tags":[200],"class_list":["post-8329","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier-es","tag-200"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8329","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8329"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8329\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9201,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8329\/revisions\/9201"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8345"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8329"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8329"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaargo.mmb.cat\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8329"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}