Esta obra permite identificar numerosos elementos arquitectónicos de la ciudad y del puerto, pero también acerca al observador distintos tipos de embarcaciones, marineros faenando y escenas de la vida cotidiana de la ciudad. Gracias a su realismo y meticulosidad de los detalles, tiene un gran valor como representación gráfica de la historia marítima de la ciudad a finales del siglo XIX.

Antes de pintar al temple esta escena sobre una tela de algodón de más de 8 metros de largo, el reconocido pintor y escenógrafo Francesc Soler i Rovirosa realizó los esbozos y las pruebas de color desde la azotea de un edificio, actualmente desaparecido, situado en la esquina del actual paseo Joan de Borbó con la calle de Ginebra. Desde la altura de un cuarto piso de la Barceloneta creó esta vista panorámica de la zona portuaria y la ciudad.
¿Cuándo y por qué fue pintada?
En la planta baja del chaflán del paseo de Gràcia con la calle Casp, donde ahora está la Casa Antoni Rocamora, en 1882 Ignasi Elias encargó al arquitecto Salvador Viñals la construcción del Café Novedades. Se trataba de un espacioso local de más de 1.500 m2, con 160 mesas para tomar café y 23 mesas de billar. La creación de este retrato de Barcelona está relacionada con la reforma en la que participó Francesc Soler i Rovirosa, y en la reinauguración que se celebró el 31 de octubre de 1889, un acto social anunciado días antes en los periódicos de Barcelona y del que posteriormente se escribieron varias crónicas. Una de ellas hacía referencia a esta pintura y a su autor: «En el testero figura una vista de Barcelona con su puerto, de grandes dimensiones, y en los demás cuadros recordamos, entre otras vistas, las catedrales de Burgos, León y Sevilla, la Alhambra de Granada, el Escorial, el Palacio Real de Madrid, Toledo y San Sebastián […]. Esta restauración ha sido dirigida por el arquitecto don Salvador Viñals y el pintor Francisco Soler i Rovirosa. Al señor Soler pertenecen todo el decorado y los cuadros». Otra crónica mencionaba los trece cuadros pintados a la cola que estaban situados en la parte superior de los muros. Lamentablemente, no disponemos de ninguna fotografía de esta pintura dentro del café ni de ningún plano del edificio del Café Novedades para saber las medidas y la forma de la pared donde estaba situada.
En el catálogo escrito por Rossend Casanova, con motivo de la exposición «Retrato de la Barcelona marítima. Una visión de Francesc Soler i Rovirosa», que organizó el MMB en 2009, hay una descripción muy detallada y documentada de los principales elementos pintados que se pueden identificar.
En este catálogo Rossend Casanova sitúa y describe hasta treinta elementos arquitectónicos de Barcelona.
El autor
Francesc Soler i Rovirosa (Barcelona, 1836-1900) está considerado uno de los renovadores de la escenografía catalana, sobre todo por sus aportaciones técnicas y las soluciones creativas. Desarrolló una nueva concepción del espacio escénico, su perspectiva abandonó la rigidez y se hizo atmosférica, pero manteniendo a su vez la tradición realista en el ámbito formal.
De joven, a la vez que estudiaba dibujo y pintura, primero en la Academia de Lorenzo Ferris y después en La Llotja, se empezó a formar como escenógrafo con Mariano Carreras en el taller del Teatro Odeon. También frecuentó el taller de Josep Planella, en el Teatro Principal; el de Fèlix Cagé, en el Liceu, y el de Lluís Rigalt, en el Principal de Gràcia. Con dieciocho años empezó a pintar sus primeras escenografías.
En 1856 prosiguió su formación aprendiendo y trabajando en Francia, Bélgica e Inglaterra. En París profundizó en las posibilidades abiertas de la escenografía francesa. Allí coincidió con los grandes escenógrafos europeos del momento, y pronto se convirtió en el encargado de la sección de traza y perspectiva del taller de Cambon, así como jefe de taller de Thierry. A los treinta y tres años, cuando regresó a Barcelona, su gran especialidad fueron los espectáculos de gran tramoya, la producción escenográfica, los figurines y la maquinaria para comedias de magia y grandes espectáculos. Obtuvo gran reconocimiento tanto en la concepción artística como en la resolución técnica. El éxito alcanzado por la perfección y espectacularidad de su trabajo le llevó en 1880 a partir de gira por La Habana y Nueva York. A su regreso fue él quien formó a los principales escenógrafos de la generación posterior.
Trabajó para otros encargos distintos a la escenografía y fue asesor artístico de la Exposición Universal de Barcelona en 1888. También trabajó como decorador de establecimientos, entre los que queremos destacar el Café Novedades (1889), donde encontramos el origen de esta pintura que actualmente forma parte de las colecciones del MMB.
Periplo hasta el MMB
En 1914 el Café Novedades fue derribado, pero su familia guardó esta pintura. Años después su hija donó esta y otras obras de su padre al Institut del Teatre.
Tal como consta en el registro de entradas del Museo Marítimo, el 10 de octubre de 1941, procedente del Institut del Teatre, se depositó en el Museo una tela de 8,22 x 2,17 metros descrita como reproducción de una vista del puerto de Barcelona y atribuida a Francesc Soler i Rovirosa.
El hecho de que se describa como una tela en lugar de un cuadro y por sus dimensiones hace pensar que llegó enrollada, tal y como seguramente se había conservado en los últimos años. Desconocemos en qué condiciones de conservación llegó la pintura al Museo, puesto que no se ha encontrado documentación escrita del estado de conservación ni de restauraciones anteriores a 2006. La fotografía más antigua que hay en el archivo del Museo es una placa de vidrio de alrededor de 1940 donde el cielo y toda la pintura tiene más luminosidad.
