Revista dedicada a la cultura y al patrimonio marítimos del Mediterráneo, editada desde el Museu Marítim de Barcelona.

Debajo del agua también se destruye

La defensa del litoral de SOS Costa Brava sigue más allá del cemento

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Durante años, SOS Costa Brava ha estado vinculada a la lucha contra la urbanización del litoral gerundense. Sin embargo, hoy muchas de las amenazas ya no son solo visibles desde el suelo. Con la campaña «Protejamos el verde que nos hace vivir», la federación pone el foco en la degradación silenciosa del medio marino y la presión creciente sobre la posidonia y las zonas de baño de la Costa Brava.

Masificación de embarcaciones de ocio en la Cala Futadera, en Tossa de Mar. Foto: SOS Costa Brava.
Masificación de embarcaciones de ocio en la cala Futadera, en Tossa de Mar. Foto: SOS Costa Brava.

Cuando se habla de destrucción de la Costa Brava, a menudo la imagen que aparece es la de una excavadora abriendo una nueva urbanización sobre un acantilado, un hotel proyectado en pleno bosque litoral o un macrochalé ocupando un tramo de costa virgen. Durante décadas, este ha sido el gran frente de batalla del movimiento ecologista en el litoral gerundense. Y lo sigue siendo. Pero hoy existe otra Costa Brava amenazada que a menudo pasa desapercibida. Una destrucción silenciosa, invisible para la mayoría de personas, que se produce bajo el agua. Un deterioro lento pero constante que afecta a algunos de los ecosistemas más valiosos del Mediterráneo.

Abrimos el foco

Ahí es donde SOS Costa Brava ha empezado a ampliar el foco de su lucha. La federación, creada en 2018 como espacio de coordinación entre plataformas locales de defensa del territorio, nació para hacer frente a la especulación urbanística y a la degradación acelerada del litoral gerundense. En pocos años, se ha convertido en una de las principales voces ecologistas del país, articulando acciones jurídicas, campañas de denuncia, movilización ciudadana y seguimiento urbanístico de decenas de proyectos.

Desde la oposición al macrochalé de El Golfet hasta la defensa de los caminos de ronda, pasando por la preservación de pinares litorales, jardines históricos o sectores urbanísticos proyectados sobre espacios forestales, la federación ha contribuido a situar el debate sobre el futuro de la Costa Brava en el centro de la opinión pública. Pero los miembros de SOS Costa Brava llevan tiempo alertando de que la presión sobre el territorio no se acaba en tierra firme.

La Costa Brava también se está degradando bajo el agua, y a menudo de forma mucho menos visible, así la Comisión del Medio Marino de la federación trabaja para ponerlo en solfa. Este cambio de mirada ha ido ganando fuerza en los últimos años. Si durante décadas el conflicto principal giraba en torno al cemento y la urbanización del litoral, hoy la masificación turística también se manifiesta sobre el mar. El número de embarcaciones recreativas ha aumentado exponencialmente y la presión sobre calas, fondos marinos y zonas de baño es cada vez mayor.

En Cataluña se matriculan todos los años más de un millar de nuevas embarcaciones recreativas. Varias estimaciones sitúan el número total de embarcaciones entre las 35.000 y las 40.000, con una concentración muy importante en el litoral gerundense durante los meses de verano. Las consecuencias de esta presión se hacen especialmente visibles sobre la Posidonia oceanica.

La posidonia en peligro

La posidonia no es un alga. Es una planta marina endémica del Mediterráneo que forma auténticos bosques submarinos. En Cataluña ocupa más de 9.000 hectáreas y cumple funciones ecológicas esenciales: produce oxígeno, captura dióxido de carbono, protege las playas de la erosión y sirve de hábitat a miles de especies. También es un ecosistema extremadamente frágil. Las anclas y las cadenas de las embarcaciones pueden arrancar sus raíces y abrir cicatrices sobre las praderas submarinas. El problema radica en que estos ecosistemas tienen una capacidad de recuperación muy lenta. En algunos casos, pueden necesitar décadas o incluso siglos para regenerarse.

La posidonia es el detector de impacto y, cuando desaparece, significa que el límite ecológico ya se ha superado. La situación es especialmente preocupante en la Costa Brava. Según diversas estimaciones científicas, en el litoral gerundense ya se habría perdido cerca del 40 % de las praderas de posidonia. En zonas con una presión turística elevada, la degradación superaría el 85 %.
Sin embargo, el problema sigue siendo poco visible para buena parte de la población. Cuando desaparece un bosque litoral, todo el mundo lo ve, pero cuando desaparece un bosque submarino, prácticamente nadie se da cuenta. Esta invisibilidad es precisamente uno de los elementos que SOS Costa Brava desea combatir con la campaña «Protejamos el verde que nos hace vivir». La iniciativa nace con un doble objetivo: documentar los impactos que sufren los ecosistemas marinos de la Costa Brava y presionar a las administraciones para que hagan cumplir una normativa que, según denuncian, es hoy sistemáticamente ignorada.

Falta de control

Porque la normativa existe. El fondeo sobre posidonia es ilegal. La Generalitat dispone de la aplicación FanCat para identificar las praderas marinas e informar a las embarcaciones de las zonas sensibles. También existen limitaciones sobre las distancias de seguridad con respecto a los bañistas y actividades vulnerables. Sin embargo, el problema es la falta de control: la información existe. La ley existe. Lo que no existe es quien la haga cumplir. SOS Costa Brava señala una responsabilidad compartida. Por un lado, las embarcaciones que incumplen la normativa. Por el otro lado, las administraciones públicas, que tienen la obligación legal de actuar.

Muchos municipios no instalan las boyas de delimitación necesarias, no despliegan sistemas de fondeo ecológico, no señalizan adecuadamente las zonas protegidas y tampoco sancionan las infracciones que se producen temporada tras temporada. SOS Costa Brava critica también la falta de recursos de vigilancia por parte de la Generalitat y la ausencia de una estrategia coordinada de protección del litoral: sin boyas, sin vigilancia y sin sanciones, la normativa es papel mojado.

Sin embargo, la problemática no afecta solo a la biodiversidad marina. También tiene consecuencias directas sobre la seguridad de las personas. La normativa establece que las zonas de baño en los espacios no balizados se extienden hasta 200 metros desde cualquier playa o cala y hasta 50 metros del resto del litoral rocoso. Estos espacios deberían estar reservados para el baño y actividades como la natación, el snorkel, el kayak o el paddle surf.

Sin embargo, la realidad es muy diferente. En muchas calas de la Costa Brava, estas zonas se han convertido en auténticos campos de fondeo. Embarcaciones fondeadas o en constante movimiento comparten espacio con bañistas, snorkelers o submarinistas. No son casos puntuales, es una situación que se repite todos los veranos. La Comisión del Medio Marino de SOS Costa Brava ha documentado varios puntos críticos a lo largo del litoral.

Protejamos el verde que nos hace vivir

En la bahía de El Golfet, en Palafrugell, embarcaciones fondean sobre zonas especialmente sensibles. Detrás del puerto de Llafranc, praderas submarinas de gran valor ecológico siguen sufriendo el impacto del fondeo. En la bahía de Palamós, bosques de Cymodocea y posidonia conviven con embarcaciones ancladas a pocos metros. En la cala Garbet, en el Alt Empordà, y en la cala Futadera, en Tossa de Mar, el mismo patrón se repite en algunos de los espacios naturales mejor conservados del litoral. Para SOS Costa Brava estos casos no son excepciones, son ejemplos de un modelo de masificación que se ha normalizado. Y precisamente ante esta normalización la federación quiere impulsar una respuesta colectiva.

La campaña «Protejamos el verde que nos hace vivir» tiene como objetivo recaudar fondos para organizar tres jornadas de vigilancia durante el verano de 2026 y producir un pequeño documental sobre los impactos que sufren los bosques marinos de la Costa Brava. Las jornadas estarán abiertas a la participación ciudadana y servirán para documentar infracciones, recabar evidencias y presentar denuncias ante las administraciones competentes. La idea es combinar acción ambiental, sensibilización y presión institucional.

Este modelo de vigilancia ciudadana representa también una evolución en las formas de activismo ambiental de la Costa Brava. Aunque las primeras grandes luchas ecologistas del litoral se centraron en evitar urbanizaciones, carreteras o proyectos inmobiliarios, hoy el conflicto es mucho más amplio y complejo. Incluye la gestión turística, el uso intensivo del litoral, la masificación del mar y la creciente fragilidad de los ecosistemas marinos ante la crisis climática.

También implica repensar la relación de la sociedad con el territorio. Durante años hemos vivido de espaldas al mar, nos hemos acostumbrado a mirar la Costa Brava solo desde tierra. Por eso, la campaña desea hacer visible una realidad que a menudo queda escondida bajo la superficie.

La defensa de la Costa Brava ya no pasa solo por evitar nuevos edificios o preservar pinares litorales, también pasa por proteger los ecosistemas submarinos, garantizar la seguridad de las zonas de baño y limitar una presión turística que cada verano supera la capacidad ecológica del litoral.
En este sentido, SOS Costa Brava considera que la posidonia se ha convertido en un símbolo, un indicador de hasta qué punto el Mediterráneo está llegando al límite, así como un recordatorio de que algunos impactos solo se hacen visibles cuando el daño ya es irreversible. Por eso, proteger la posidonia es mucho más que proteger una planta marina, es proteger el mar. Y proteger el mar es proteger lo que nos hace vivir.

 

Del cemento al medio marino

SOS Costa Brava nació en 2018 como una federación de plataformas locales para hacer frente a la presión urbanística sobre el litoral gerundense. Durante estos años, la federación ha impulsado recursos judiciales, campañas de denuncia y movilizaciones contra urbanizaciones, hoteles, macrochalés o la destrucción de caminos de ronda y espacios naturales. Con la campaña «Protejamos el verde que nos hace vivir», SOS Costa Brava amplía el foco hacia el medio marino y la degradación de los ecosistemas submarinos, gracias a la incorporación de nuevas formas de vigilancia ciudadana y defensa ambiental.

¿Qué es la posidonia?

La Posidonia oceanica es una planta marina endémica del Mediterráneo que forma grandes praderas submarinas. A menudo se confunde con un alga, pero en realidad es un ecosistema complejo y esencial para el litoral. Las praderas de posidonia producen oxígeno, capturan carbono, estabilizan la arena y protegen las playas de la erosión. También sirven de hábitat y refugio para miles de especies marinas. Su regresión es uno de los principales indicadores de degradación ecológica del Mediterráneo.

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Bosque de Posidonia oceanica. Foto: Wikimedia Commons.
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