Solo aquellos que nacen cerca del mar saben cómo puede marcar a una persona la condición de costero. Emerencià Roig i Raventós, nacido en Sitges en 1881, pese a intentar esquivar su destino al licenciarse en Farmacia en 1906, tuvo que abandonar el oficio de boticario debido a problemas de salud para dedicarse a otra actividad mucho más adecuada con su proceder sitgetano: a investigar, documentar y retratar el mundo marítimo catalán. Hijo del pintor y paisajista Joan Roig i Soler, la vida de Emerencià desde sus inicios se desarrolló junto al mar y la arena, los puertos y los astilleros; la misma marina que su padre representaría primero y él documentaría después.
Antes de que se pierda
Y es que Emerencià Roig no era un historiador ni tampoco un periodista; era un curioso. La solidez y constancia de sus obras escritas tan solo pueden entenderse en la mente de una persona fascinada por un mundo marítimo que le deleitaba por muchas razones: porque formaba parte de sus raíces, porque eran los resquicios del siglo de oro de la marina velera de construcción catalana ―nombre acuñado por Josep Ricart Giralt― y porque sabía que aquellas naves de vela tenían los días contados ante los nuevos barcos construidos con máquina de vapor y motor de explosión. Frente a la amenaza de la industrialización, Roig se sirvió de las palabras y los grabados para impedir el olvido de unas embarcaciones primordiales en la trayectoria de la marina catalana: eso significa, también, primordiales en la historia de Cataluña.
La Cataluña marítima de Roig
Sin comparación, logró su objetivo: durante la década de 1920, Roig publicó diferentes obras que pretendían mostrar cómo eran los barcos catalanes del siglo XIX, pero también todo lo que rodeaba las costas catalanas de Sitges, Blanes y Barcelona, desde las personas que mantenían vivo el entorno marinero hasta recoger todas las palabras que nutrían su habla y que vertebraban su visión del mundo litoral. Con esta motivación publicó obras primordiales en la historia naval catalana, como son La pesca a Catalunya (1926), La marina catalana del vuit-cents (1929), Vocabulari de l’art de la navegació i de la pesca (1924) o Vocabulari de la pesca (1926). También escribió Recull de termes aplegats en una terrisseria de Blanes (1925), Blanes Marítim (1924) y Sitges dels nostres avis (1934), publicado justo un año antes de fallecer y dedicado a su padre, Joan Roig.
Tras cerrar la farmacia donde trabajaba en la Rambla de Barcelona, Roig no solo escribió libros, sino que también colaboró en la prensa de la época. El 30 de julio de 1919 publicaba un primer artículo titulado «Els antics vaixells catalans» en la revista Catalunya Marítima, y poco después empezaría a escribir para El Eco de Sitges, La Veu de Catalunya, La Marina Mercant o La Publicitat.
Con la convicción de que los catalanes no podían dejar escapar una porción de la historia que se disipaba, ni a las personas que formaban parte de ella, Roig no se conformó con inmortalizar lo que todo el mundo podía ver desde fuera, sino que fue más allá, recogiendo testigos orales y dando valor a las palabras más técnicas, pero también a las anécdotas más mundanas. «Buscó capitanes, pilotos y nostramos, entusiastas del oficio de buen carácter, para poder visitar fragatas, bricbarcas, polacras y bergantines. A través de estas conversaciones empezó a adiestrarse […] de la vida a bordo, de la meteorología, de los instrumentos náuticos, de las maniobras».
Este fragmento, extraído del «Advertiment» de su libro La marina del vuit-cents, refleja el afán de Emerencià Roig por radiografiar el sector naval del Principado de la forma más directa y real posible, fiándose más de lo que podían decir las personas que de los documentos y archivos históricos. Roig se olía el futuro de aquellos veleros que tanto le encantaban, que prometían un porvenir más seguro en las salas de exposiciones que no surcando los mares. En el mismo libro, Emerencià Roig ya nos advertía de que «colgados en lo alto de las bóvedas de las ermitas como en un museo de arte naval, uno, al contemplarlos, pensará en su historia, tan dorada».
El lenguaje marinero
Emerencià Roig i Raventós era consciente de que con las palabras es como configuramos el mundo, y que sin ellas ningún fenómeno se puede asimilar. Así pues, su investigación sobre la etnología marina catalana también le llevó a recoger las palabras que articulaban la vida junto al mar. Él y el folclorista Joan Amades Gelats (Barcelona, 1890-1959) publicaron dos recopilaciones en las páginas del Butlletí de Dialectologia Catalana del IEC, una compilación de más de doscientas páginas repleta de palabras relacionadas con la marinería catalana. Vocabulari de l’art de la navegació i de la pesca (1924) y Vocabulari de la pesca (1926) son los títulos de las dos publicaciones, que dejaron grabadas para siempre las palabras de nuestros antepasados. Tampoco es menor la aportación de Roig al Diccionari català-valencià-balear del padre Alcover y F. de Borja Moll, que redondeó con palabras marineras. Por si fuera poco, en 1923 el Institut d’Estudis Catalans le premió como el mejor autor de vocabulario marítimo.
El dibujo como legado
Haciendo honor a su padre pintor, Emerencià no solo se sirvió del lápiz para escribir, sino también para dibujar. La información que el sitgetano dejó para la posteridad se complementa con una gran cantidad de dibujos y retratos de barcos elaborados por él mismo, que no dejaba escapar ninguna palabra ni trazo. Con pretensiones más científicas y etnológicas que artísticas, Emerencià Roig convirtió el dibujo en un artefacto más para captar la esencia de lo que tenía enfrente: así, cada vez que anotaba alguna explicación, también dejaba una pequeña obra maestra. Elaborados principalmente con lápiz o carbón, a veces con colores, sus dibujos muestran con precisión cómo eran los últimos veleros catalanes, toda vez que ponen de manifiesto su talento artístico. Consciente de las dificultades para reproducir mentalmente un barco y de las limitaciones de la fotografía para captar los detalles, el dibujo le permitía controlar en qué parte de la anatomía de una embarcación naval había que poner el énfasis. Joan Roig no quería que sus hijos fueran pintores, pero el talento no se elige y la vocación no siempre puede esquivarse.
Colección marinera
Soltero y sin hijos, el 16 de febrero de 1935 Emerencià Roig fallece en su casa de Barcelona, en el barrio de Pedralbes, a los cincuenta y tres años. Justo después, su heredero y hermano, Josep Roig, donaba al Ayuntamiento de Sitges una colección de objetos relacionados con la marinería que Emerencià Roig había ido recopilando a lo largo de su vida y que, sin saberlo, formarían el primer museo marítimo de Cataluña en el Palacio de Maricel de Sitges en 1936, bajo el nombre de «Colección de Marinería Catalana».
El interés de Roig por los barcos de la costa catalana no solo se transformó en los libros publicados y los dibujos que los complementaban, sino que recopiló toda una colección de barcos y barcas en miniatura, algunos adquiridos y otros hechos por él mismo, así como pinturas de veleros de otros artistas. Más de trescientos objetos forman la exposición, entre naves de diferentes tipos, elementos de la navegación o las ilustraciones del propio Roig, un conjunto de gran valor que nos habla de una historia pasada pero de una pérdida vigente. Una vez más, la fascinación de Roig, acompañada de una buena intuición, lo llevaron a valorar antes que nadie un legado histórico que pocos estuvieron a tiempo de captar, lo que le otorga un lugar especial en la historia de la etnología catalana y nuestra cultura. Sin pretensiones museísticas, más bien movido por la curiosidad, Emerencià Roig aglutinó en varios objetos un patrimonio histórico que sus libros ya habían narrado.
De cara a la posteridad, Emerencià Roig i Raventós nos deja un rico legado etnológico, documental y artístico que nos habla de nuestros antepasados y nos da lecciones de futuro: en un mundo donde el tiempo pasa vertiginosamente deprisa, la importancia de conservar el patrimonio colectivo y la cultura tradicional parece un deber que cumplir. Ha pasado un siglo, pero la fotografía sigue teniendo sus limitaciones: hay aspectos de nuestra vida que son demasiado difíciles de explicar, que requieren más esfuerzo para hacerlos perdurar, y Emerencià Roig i Raventós era consciente de ello.


