Dani Anglada es un enamorado del mar. Lo es desde pequeño, cuando su padre le dejaba en un campus de verano en El Masnou mientras hacía el trayecto de Barcelona a Mataró para ir a trabajar. Las sensaciones que experimentaba navegando le cautivaron tanto que no solo quiso entrenarse durante los inviernos sino que, además, dedicó sus estudios y profesión a esta práctica. Anglada se licenció en Náutica y Transporte Marítimo y se convirtió en capitán de la marina mercante y patrón de chárter.
Sin embargo, en 2018, con tan solo 31 años, su vida dio un vuelco. Anglada sufrió un accidente en alta mar mientras transportaba gas metano en una gran embarcación en pleno océano Pacífico. Un extintor le explotó en la cara y perdió la vista. «El mundo se me derrumbó. De estar gobernando embarcaciones de más de 300 metros de eslora, toda la vida navegando y siendo una persona autónoma y muy activa, pasas a tener la falta de un input que es la vista», explica.
Después de más de tres años encerrado en casa y cuando lo veía todo perdido, las palabras de su madre y la compañía de su perra se convirtieron en la ayuda más reconfortante que Dani necesitaba para volver a aferrarse a la vida, un punto de inflexión que le llevó a querer volver a navegar.
Yes We Sail, un reclamo para una mayor inclusión
Volver al agua después del accidente supuso para Dani una experiencia emocionalmente chocante y llena de contrastes. Por un lado, volvía a experimentar lo que más feliz le hacía: la sensación de libertad, las salpicaduras del agua, el viento en la cara y el calor del sol. Sin embargo, por el otro lado, se daba cuenta de que había que empezar de cero para conseguir que la vela fuera inclusiva también para personas con discapacidad visual: «Si tenemos en cuenta la discapacidad física podemos hablar de inclusión en la vela, pero cuando hablamos de discapacidades sensoriales o cognitivas, esa inclusión no existe».
La cruzada de Dani es la de empoderar a las personas con discapacidad visual en la navegación a vela, tanto recreativa como profesional. Para ello ha puesto en marcha el proyecto Yes We Sail (Sí, nosotros navegamos), desde donde quiere dar a conocer el protocolo y la tecnología innovadores que él y su equipo han desarrollado para que la vela sea inclusiva: «El gran valor añadido de Yes We Sail es que aporta un protocolo realizado por personas invidentes para personas invidentes», apunta Anglada.
Esta guía, elaborada tras horas y horas de navegación, proporciona todos los conocimientos teóricos y prácticos para que una persona invidente pueda disfrutar de la navegación de forma autónoma y segura. Uno de los ejes clave es saber leer el viento correctamente para poder orientar la embarcación: «Hay que estar presente contigo mismo, con las sensaciones que te produce el viento en la cara, en cómo buscarlo, en cómo se decretan las diferentes partes del viento ―la ceñida, el revés, los largos― o en cómo podemos conocer sus grados de intensidad», apunta.
El protocolo ofrece las pautas que deben seguirse para ir procesando toda esta información: «Aplicamos la teórica de la vela a una teórica que nosotros seamos capaces de comprender, de forma simple, pero eficiente y elaborada».
Asimismo, una de las herramientas fundamentales que ayudan al navegante a saber interpretar el viento con la máxima precisión es la vibración que le proporcionan dos cintas que lleva atadas a la cintura. La empresa mataronense OnRails, que ya trabaja en el diseño de una chaqueta inteligente para que las personas ciegas tengan mayor autonomía, ha sido la responsable de elaborar esta tecnología sensorial háptica, que utiliza el sentido del tacto para comunicar información. «Ahora ya sabemos adónde queremos ir y de dónde nos viene el viento. El siguiente paso será poder detectar objetos y actuar según el RIPA o el COLREG, que es el reglamento internacional para la prevención de abordajes».
La aventura en la isla de Wight
Con el objetivo de dar visibilidad a su proyecto, obtener la máxima financiación y convertirse en un reclamo para los medios internacionales, Dani Anglada se ha propuesto ser la primera persona invidente en dar la vuelta a la isla de Wight (Reino Unido) con patín de vela adaptado, sin detenerse y con asistencia. No se trata de un destino al azar, sino que en 1851, en esta isla, se disputó la primera Copa América, conocida entonces como la Copa de las Cien Guineas. Se trata de un reto mayúsculo que se ha hecho realidad a principios de agosto de 2025, coincidiendo con la gran regata Cowes Week, disputada del 2 al 8 de agosto en el norte de la isla.
Con este gran propósito, Anglada no solo desea demostrar la validez de sus soluciones tecnológicas, sino que también quiere generar el máximo impacto mediático para que su proyecto consiga apoyo para hacerse mayor y que se convierta en una opción apta y segura para las personas que no ven: «Lo único que he querido es volver a vivir y tener una visión en la vida sintiéndome lo más digno posible con una condición que tanto segrega a las personas como es la falta de vista», dice.
Y es que para Anglada la inclusión en la vela para personas con discapacidad visual no consiste en tener una lancha de asistencia que vaya indicando los pasos a seguir, sino que la persona que no ve se convierta en copatrona de la embarcación en igualdad de condiciones, y sea capaz de procesar la información de lo que está pasando y de tomar decisiones acertadas. «La inclusión no es sacarme a dar una vuelta a navegar. Esto es una falta de respeto porque es considerarme menos válido […]. Y eso es lo que he vivido y quiero romper con ello, y más con un deporte y una experiencia tan única como es estar en el agua», afirma.
El joven deportista asegura que la Federación de Vela Internacional ya le espera con los brazos abiertos y desea aprovechar la experiencia británica para agradecer el apoyo incondicional que desde el primer día ha recibido por parte del director ejecutivo del America’s Cup Event, Grant Dalton, padrino de botadura del Lady, el primer patín catalán adaptado para personas invidentes, que se presentó en julio de 2024 en el marco de la Copa América de Barcelona.
Objetivo: Brisbane 2032
Además de dar la vuelta a la isla de Wight, Anglada y su equipo ya tienen otros retos pensados para el regreso. Uno de los más ambiciosos es conseguir que la vela vuelva a ser un deporte reconocido en los Juegos Paralímpicos de Brisbane (Australia) en 2032.
Hoy en día ya existen dos embarcaciones referentes en la vela adaptada, la Hansa 303 y la RS Venture Connect. El propósito del proyecto Yes We Sail es aportar las soluciones tecnológicas pioneras centradas en la discapacidad visual para que las personas invidentes puedan competir también: «Siempre hemos tenido una vela paralímpica enfocada a la discapacidad física. Ahora nos centramos en tener esta tecnología necesaria y aceptada por la Federación Internacional de Vela para que se incluya la discapacidad sensorial y podamos competir juntos».
Con la mirada puesta en Brisbane 2032, Anglada ya ha conseguido firmar un acuerdo con el Port Masnou y el Club Nàutic Masnou para tener una base desde la que trabajar para la inclusión de las personas con discapacidad visual. «Las personas invidentes […] deben tener la opción de poder probarlo y, si les gusta, será un deporte más en contacto con la naturaleza, una experiencia completamente diferente, donde trabajas el sentimiento de libertad y la autonomía, porque acabas navegando por tus propios medios. Esto nos da confianza en nosotros mismos y nos ayuda a superar los obstáculos del día a día», concluye.

